Limpiar una playa para sembrar conciencia

Este 7 de junio, en el marco del Día Mundial de los Océanos, se realizó una jornada de limpieza de playa en cercanías de la Bajada 8 de Puerto Madryn. La actividad fue impulsada por Kalfu Mapu, un movimiento autogestivo conformado por jóvenes que buscan generar conciencia ambiental a través de distintas propuestas vinculadas al mar y a la naturaleza que nos rodea.

La invitación consistía en acercarse a la playa, compartir un momento colectivo y recoger parte de los residuos que se encuentran dispersos sobre la costa. Residuos que muchas veces terminan en el mar y que, tarde o temprano, el propio océano devuelve a la orilla porque no le pertenecen.

Desde hace tiempo, Kalfu Mapu viene impulsando espacios de aprendizaje y encuentro para acercar a las personas al océano. Lo hacen mediante charlas, actividades educativas y también experiencias de iniciación al buceo, entendiendo que difícilmente podamos cuidar aquello que no conocemos. Ver de cerca la fauna marina, descubrir la riqueza de nuestros ecosistemas y comprender su fragilidad son herramientas fundamentales para despertar el sentido de pertenencia hacia el lugar que habitamos.

Luego de la recorrida por la costa del Golfo Nuevo, la actividad continuó con una charla brindada por Camila Tavano, becaria doctoral del CESIMAR-CONICET, quien abordó la problemática de los microplásticos en la fauna marina. Un problema que muchas veces pasa desapercibido por ser prácticamente invisible a simple vista, pero que ya está presente en los ecosistemas y representa una amenaza real para numerosas especies.

La exposición permitió comprender que los microplásticos no son una preocupación futura, sino una realidad actual. Fragmentos diminutos que ingresan a la cadena alimentaria, afectan la biodiversidad y evidencian el impacto que nuestras formas de consumo tienen sobre el ambiente. Y, si no se toman medidas urgentes, todo indica que será una problemática que continuará profundizándose con el paso de los años.

Quienes participan de estas iniciativas saben que un puñado de personas no va a solucionar por sí solo el problema de la contaminación costera. El objetivo va mucho más allá de la cantidad de residuos que puedan llenarse en una mañana. La verdadera tarea es sembrar conciencia, generar preguntas e invitar a que más personas se involucren en las problemáticas ambientales que afectan al territorio que habitamos.

Muchos de estos jóvenes también acompañan otras causas que atraviesan nuestra región: el apoyo a los pueblos originarios y sus reclamos históricos, la defensa del agua y del territorio, y el rechazo a proyectos extractivos que generan preocupación en distintos sectores de la sociedad. Entre ellos, los vinculados a la exploración de uranio en Chubut, un debate que seguramente merecerá un análisis más profundo en otra oportunidad.

Quizás lo más valioso que dejó la jornada sea recordar que no estamos separados de la naturaleza. Somos parte de ella. El mar, la tierra, la fauna y los ecosistemas que nos rodean no son algo externo a nosotros, sino aquello que sostiene nuestra propia existencia.

Tal vez entre las tareas más difíciles se encuentre despertar la conciencia de muchos, cultivar el sentido de pertenencia y, sobre todo, defender aquello que no se compra ni se vende, pero que nos da vida y nos cobija en su seno: la tierra.



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