Limpiar una playa para sembrar conciencia
La invitación consistía en acercarse a la playa, compartir
un momento colectivo y recoger parte de los residuos que se encuentran
dispersos sobre la costa. Residuos que muchas veces terminan en el mar y que,
tarde o temprano, el propio océano devuelve a la orilla porque no le
pertenecen.
Desde hace tiempo, Kalfu Mapu viene impulsando espacios de
aprendizaje y encuentro para acercar a las personas al océano. Lo hacen
mediante charlas, actividades educativas y también experiencias de iniciación
al buceo, entendiendo que difícilmente podamos cuidar aquello que no conocemos.
Ver de cerca la fauna marina, descubrir la riqueza de nuestros ecosistemas y
comprender su fragilidad son herramientas fundamentales para despertar el
sentido de pertenencia hacia el lugar que habitamos.
Luego de la recorrida por la costa del Golfo Nuevo, la
actividad continuó con una charla brindada por Camila Tavano, becaria doctoral
del CESIMAR-CONICET, quien abordó la problemática de los microplásticos en la
fauna marina. Un problema que muchas veces pasa desapercibido por ser
prácticamente invisible a simple vista, pero que ya está presente en los
ecosistemas y representa una amenaza real para numerosas especies.
Quienes participan de estas iniciativas saben que un puñado
de personas no va a solucionar por sí solo el problema de la contaminación
costera. El objetivo va mucho más allá de la cantidad de residuos que puedan
llenarse en una mañana. La verdadera tarea es sembrar conciencia, generar
preguntas e invitar a que más personas se involucren en las problemáticas
ambientales que afectan al territorio que habitamos.
Muchos de estos jóvenes también acompañan otras causas que
atraviesan nuestra región: el apoyo a los pueblos originarios y sus reclamos
históricos, la defensa del agua y del territorio, y el rechazo a proyectos
extractivos que generan preocupación en distintos sectores de la sociedad.
Entre ellos, los vinculados a la exploración de uranio en Chubut, un debate que
seguramente merecerá un análisis más profundo en otra oportunidad.
Quizás lo más valioso que dejó la jornada sea recordar que
no estamos separados de la naturaleza. Somos parte de ella. El mar, la tierra,
la fauna y los ecosistemas que nos rodean no son algo externo a nosotros, sino
aquello que sostiene nuestra propia existencia.
Tal vez entre las tareas más difíciles se encuentre
despertar la conciencia de muchos, cultivar el sentido de pertenencia y, sobre
todo, defender aquello que no se compra ni se vende, pero que nos da vida y nos
cobija en su seno: la tierra.
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